Los molinos harineros del Guadiana: Historia y vida de la población emeritense.

En el último mes os hemos enseñado varios ejemplos de uno de los tipos arquitectónicos más importantes para el devenir de la vida diaria de la población en periodos como el moderno e inicios del contemporáneo: los molinos, en nuestro caso, harineros. Su específico emplazamiento, siempre junto a corrientes de agua, los convierten en la excusa perfecta para la práctica del senderismo arqueológico que Emerita Expeditiones os propone.

En esta entrada, vamos a intentar aportar algo al estudio de estos edificios, recopilando lo que sabemos gracias a la obra de eruditos como Pascual Madoz y aportando nuestro granito de arena desde una perspectiva arqueológica, para intentar caracterizarlos, aunque sea de manera somera.

En nuestras rutas hemos podido visitar diez molinos, emplazados 8 de ellos en el Guadiana, 1 en el Aljucén y otro en el Albarregas. En nuestro catálogo incluimos cuatro ejemplos más: el conocido como “fábrica de la luz” de Mérida el cual incluimos por qué es un ejemplo de molino hidráulico; el molino situado junto al puente Fernández Casado, de difícil acceso; el de “pan caliente”, hoy transformado en albergue y finalmente el molino situado a la altura de la harinera, junto a la estación de FF.CC de Aljucén. En los tres últimos casos su inclusión esta justificada por su aplicación harinera. Su estudio es mínimo debido a que es difícil acceder a ellos, por su emplazamiento, utilidad actual o estado de conservación. Así, lo que aportamos sobre ellos son fruto de la observación a distancia.

plano

Crokis de situación de los molinos.

Empezaremos refiriendo lo que las fuentes bibliográficas nos dicen a cerca de los molinos emplazados en Mérida y su término. Para ello recurriremos a la obra de Pascual Madoz, que en su “Diccionario Geografico-Estadistico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar”, publicado entre 1846 y 1850,nos reseña de forma promenorizada el término municipal de Mérida, cuyo territorio define como un “terreno muy desigual, lleno de barrancos y hondonadas, y sobre todo muy poblado de monte alto y bajo y esparramados sus pequeños pueblos a largas distancias entre sí y con escasas comunicaciones, lo cual lo hace parecer un país montaraz y solitario […] con no poco peligro para los viajeros, que en estos tránsitos han encontrado mas de una vez la desgracia y quizás su muerte por la presencia de malhechores”.  Además describe profusamente diferentes aspectos de la realidad de la Mérida del siglo XIX, recopilando también parte de lo aceptado entonces sobre su pasado romano. En uno de los capítulos dedicados a la “industria y el comercio” dice que existían en la ciudad “2 fábricas de jabón blando, 11 molinos harineros en el Guadiana, 2 en el Aljucén y 3 en el Albarregas, un lavadero en el Guadiana y otro en la Albuera…“.

De este par de párrafos podemos extraer: la consideración que de las tierras extremeñas tiene el autor y por extensión, el país; las duras condiciones de vida del común de la población, lo que otorga mayor importancia aún al molino; el nulo tejido industrial existente en la ciudad, que no encontrará el dinamismo necesario hasta la llegada del ferrocarril y la importancia de los molinos en aquel momento, incluyéndolos en el apartado industrial de la ciudad, lo que nos indica lo fundamental de estas estructuras para el sustento de la población.

Noticias orales acerca del funcionamiento de los molinos hasta principios del siglo XX existen. Desde el momento de su abandono hasta su cubrición constante por las aguas del Guadiana, los edificios se van desmantelando poco y cayendo en el olvido. Los modos de vida evolucionan y la llegada masiva de la electricidad acaba con ellos. La inclusión de algunos de ellos en el cauce del río favorece el olvido de lo que fue el centro de la vida de la población durante siglos, toda vez que su sustento dependía del acceso al molino y en qué condiciones.

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Representación idílica de un molino de corriente.

Del edificio como tipo ya hemos hablado en entradas anteriores, decíamos que se suelen distinguir dos tipos de molinos, los de corriente, situados cerca de una corriente de agua, bien natural o forzada mediante represa, y los de cubo, típicos de las zonas de sierra puesto que están pinchando veneros en barrancos y conduciéndolos mediante canales a un cilindro o cubo en el que se almacena el agua y se le da presión para la acción de moler. Nuestros casos se tratan de molinos de corriente, situados casi todos en la orilla del Guadiana o sus afluentes Albarregas y Aljucén. Decimos casi todos por que el que se emplaza en el Albarregas está conectado a un canal de mas de 300 m que deriva el agua hacia su muelas. Como la “fábrica de la luz” y el de “pan caliente”. Más dudoso nos parece el de la Dehesa, en Don Álvaro, ya que su situación parece fruto de la reordenación del cauce del río y no de la existencia de un canal.

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Molino del Albarregas y el canal que lo alimentó.

molino de la dehesa.png

Situación del Molino de la Dehesa, Don Álvaro.

Tambíen hemos repasado la articulación del edificio, que suele ser en dos plantas, una llamada cárcavo, en la que los saetines permiten la entrada del agua que hace girar el rodezno y este a su vez el árbol que moverá la piedra de moler denominada voladera, que gira sobre la durmiente y que se sitúan en una planta superior conocida como sala de molienda. El conjunto de las dos piedras es cubierto por un armazón de madera que permite la salida del grano molido y que se recoja al pie por los recipientes de la época.

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Esquema tipo de un molino hidráulico.

 

En el plano anterior exponemos un orden que será el que seguiremos en la exposición de los molinos, atendiendo a detalles como el número de muelas, la existencia de canal o presa, presencia de material reutilizado y época probable o el estado de conservación.

  • Molino de la Dehesa, Don Álvaro. Restaurado aproximadamente en 2006. Es un molino de corriente que en la actualidad se halla fuera del cauce por el desplazamiento de este. Presenta planta rectangular, dando el lado largo a la corriente. Contó con dos muelas alimentadas por una larga pesquera. En su construcción se adivina material de cantería reutilizado aunque no se puede distinguir bien. En el pavimento de la sala de molienda se reutilizan piedras de moler desgastadas. Además, en los saetines se observan ladrillos. La cronología es incierta aunque puede valernos el dato que aporta la fachada del molino de la Aceña, del que parece hermano: 1873.

 

  • Molino de la Aceña, Don Álvaro. Ídem al anterior en cuanto a conservación. Se halla en la orilla derecha del Guadiana y también contó con dos pares de piedras de moler. Su planta describe un rectángulo, situándose el lado largo sobre la corriente. Es apreciable la cantidad de material reutilizado de apariencia romana, sillares. En su fachada oriental aparece grabada en el mortero la fecha de 1873.

 

  • Fábrica de la Luz de Mérida. Edificio restaurado por Confederación Hidrográfica del Guadiana. Se sitúa en la orilla izquierda del río Guadiana y se presenta como un edificio de proporciones importantes, dotado de planta rectangular y siete canales. La alimentación de estos se hacía mediante un canal de mas de 1 km de largo y 15 m de ancho, emplazándose el edificio a 300 m del inicio del canal.
  • Molino I de Mérida. Situado junto al puente Fernández Casado presenta un difícil acceso y un estado de conservación muy deficitario. Además los restos están invadidos por la maleza del río, lo que dificulta sobre manera su observación.
  • Molino de las Monjas. Se localiza en el tramo del río comprendido entre el puente romano y el puente Lusitania. Su estado de conservación es muy deficitario, apenas si quedan trazas de su planta y restos de lo que fue su paramento. Sin duda su emplazamiento, justo en el medio del cauce, ha favorecido su pésimo estado de conservación. Cómo en los casos anteriores casi no tenemos referencias bibliográficas del edificio. La más reciente es la inclusión del molino en la monografía que sobre el puente romano realiza Álvarez Martínez en la década de los 80 del pasado siglo.

 

  • Molino de “pan caliente”, Mérida. Situado en la orilla derecha del río, restaurado y en la actualidad utilizado como albergue de peregrinos. Sus dimensiones, al igual que la fábrica de la luz, son importantes, alojando cinco piedras de moler. Su planta es rectangular, presentando el lado largo a la corriente. El edificio se sitúa a 250 del inicio de un canal de 700 metros de longitud que desembocaba en el antiguo Albarregas. Su cercanía a la ciudad da idea de la importancia del molino para su población.
  • Molino de El Prado, Mérida. Se localiza en la orilla izquierda del río y se halla en muy buen estado de conservación. Pertenece al número de molinos que son cubiertos por el río casi completamente. Se trata de un molino de dimensiones modestas, que  contaba con dos canales para dos pares de muelas. Eran alimentadas mediante una larga pesquera que encauzaba parte del caudal del agua. En el paramento del edificio se ha utilizado mampostería mas o menos regular combinada en los quicios con ladrillos. Además las juntas entre mampuestos eran rellenadas mediante lascas de pizarra y pequeños cantos de río. Este modo lo observaremos en más ejemplos. En el interior nos encontramos con restos de un pavimento de cantos y la utilización del ladrillo en las paredes de los canales y bóveda, dotada de pequeños aliviaderos rectangulares.

 

  • Molino de la Alcantarilla, Mérida. Los restos de lo que fue este molino los encontramos en la orilla derecha del Guadiana y se conserva tan solo una esquina de lo que fue el edificio. Presenta el basamento de sillares lo cual es fácilmente comprensible al comprobar que el puente de la vía romana que transitaba hasta Olissipo está a no mas de 50 m de distancia. La asociación de expolio del puente-construcción del molino es factible  al comprobar en los siguientes molinos la presencia de material epigráfico romano en sus paramentos.

 

  • Molino II de Mérida. En la misma orilla derecha del río, 700 metro más abajo encontramos los restos de un nuevo molino. Presenta un estado de conservación deficitario, habiendo perdido dos cuartas partes. Presenta una planta trapezoidal, al distinguirse una especie de tajamar en su lado este. Es el único ejemplo en que el pretendido rectángulo de su planta se presenta con el lado corto hacia la corriente. Tal vez esta ordenación sea la que provoque el necesario tajamar que preserve del embate de la corriente esta parte del edificio. Es apreciable la ordenación del edificio en dos plantas, estando el carcavo, completamente colmatado. Se aprecia aún la existencia de dos saetines a donde era conducida el agua mediante una larga pesquera cimentada sobre grandes sillares. La especial ordenación de la planta provoca que en este molino los canales no discurran en paralelo, sino que uno lo hace desde el flanco este y otro desde el lado sur. De la sala de molienda nos quedan restos de lo que fue su pavimento de cantos rodados. Es reseñable la existencia de material reutilizado de origen romano y de cierto porte. Destaca la presencia de cornisas decorativas y epigrafía funeraria, en concreto una estela funeraria de granito de un ciudadano de Olissipo enterrado al pie de la vía que unía Augusta Emerita y su ciudad de origen. Sin duda es molino mas interesante que hemos visitado.

 

  • Molinos III y IV de Mérida. A escasos 500 metros río abajo encontramos estos dos molinos cuya principal particularidad estriba en la pasarela-dique que los une, prolongando el uso de los molinos durante el estiaje del río. Ambos contaron con dos pares de muelas y destaca la reutilización de sillares de granito en ambos ejemplos. Además en el segundo se aprecia la reutilización de piedras de moler a modo de pavimento. En sendos molinos es apreciable el rellenado de las juntas entre la mampostería. Y también es reseñable la posible existencia de pequeños embarcaderos, relacionados con la utilización del río como vía de comunicación. El estado de conservación es muy bueno en ambos casos, conservando intactas las cubiertas, una de ella desprovista en el interior de la capa de mortero que la enfoscaba, permitiéndonos disfrutar del trabajo que presenta la colocación del ladrillo.

 

  • Molino I estación de FF.CC Aljucen. Poco podemos decir de él toda vez que su acceso es complicado y además está cubierto por las aguas. Como la gran mayoría de ejemplos expuestos hasta ahora, se emplaza en la orilla derecha del río.
  • Molino II estación FF.CC Aljucen. Estamos ante el primero de los molinos que incluimos en nuestro catálogo emplazados en los afluentes del río, el Aljucén en esta ocasión. Se trata de una estructura, de planta rectangular, que forma parte de un complejo importante destinado a apropiarse de una parte cuantiosa del caudal del río Aljucen en su desembocadura en el Guadiana. Para ello se construyó una importante pesquera, dotada de contrafuertes y rebosaderos, que conducía el agua hasta los tres saetines que movían las muelas del molino. En su interior se conserva restos de una chimenea y el pavimento del edificio. Además en una de sus paredes se dibujo un “calvario” y una fecha en números romanos, 1882. Destaca la reutilizacón de material en sus paramentos exteriores.

 

  • Molino de el Carpio?, Albarregas (Mérida). A unos 6.75 km de la desembocadura del Albarregas en el Guadiana, encontramos el último ejemplo de molino harinero que hemos estudiado. El nombre apuntado es gracias a la generosidad del compañero del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida Fabián Lavado. Se sitúa en la margen izquierda del Albarregas y no sobre su cauce, sino que está al final de un canal excavado en la roca y forrado en mampostería irregular de granito combinado con ladrillo. El canal contó con una longitud de 335 m. La fábrica descrita está presente también en el molino. Su situación en pendiente provocó la existencia de accesos descendentes, como demuestran los restos de la escalera que tuvo. Conserva restos de una chimenea pero de su configuración interior apenas quedan vestigios. Es el único caso en el que el carcavo presenta mejor estado de conservación que la sala de molienda. Fue dotado de dos canales, pero en un momento indeterminado, uno de ellos fue condenado, tal vez por falta de demanda, aunque no hay que descartar el mal funcionamiento.

 

Teniendo presente la descripción de los molinos que acabamos de exponer y sin pretender ser pretenciosos, hemos establecido cuatro conclusiones:

Situación:

Predomina el emplazamiento de los molinos en la orilla derecha. Sin duda este hecho está motivado por la situación en esta orilla de los nucleos poblacionales a los que pertenecen, Mérida y Don Álvaro. De los 14 molinos que componen nuestro catálogo, 10 están emplazados en esa orilla. Los del Aljucén y el Albarregas junto con la “fábrica de la luz” y el de El Prado están en la orilla izquierda. Los casos de los ríos Aljucén y Albarregas son las orillas a las que se puede acceder desde Mérida sin tener que cruzar los rios, mientras que en los casos del Guadiana, la existencia del puente romano hace factible su situación.

Arqueologia-arquitectura:

Casi la totalidad de los ejemplos presentados presentan unas medidas muy similares. destacan por exceso los casos de la “fábrica de la luz”, el de “pan caliente” y ligeramente el Molino II de la estación de FF.CC de Aljucén. El resto presentan unas dimensiones modestas, dando cabida a dos pares de muelas por molino. De hecho persiste en el imaginario colectivo la denominación de “molineta” para algunos de ellos.

En la totalidad de los casos son plantas rectangulares, a excepción del Molino II de Mérida, que presenta un pequeño tajamar aguas arriba. La disposición del edificio, en pos de lograr maximizar la funcionalidad de la superficie construida, suele ser presentar el lado largo del rectángulo a la corriente. Nuevamente el Molino II de Mérida vuelve a ser la excepción. La ordenación del edificio en dos plantas, carcavo y sala de molienda, se repite sin excepción. No hay uniformidad en la solución para el pavimento: desde piedras de molino a cantos rodados, pasando por ladrillos y lajas de granito.

Diferentes soluciones para el pavimento de la sala de molienda.

En el paramento externo y en las bóvedas encontramos esta vez claros paralelismos. Así tanto en el Molino de El Prado como en los Molinos II, III y IV es posible apreciar como las juntas entre mampuestos o entre sillares son rejuntadas mediante lascas de pizarra o fragmentos de cantos de río. Mientras que la solución de la cubierta abovedada está presente en todos los ejemplos en que se conserva la cubierta. Las hay de cañón peraltada y de arista. En todas se emplea el ladrillo y suelen estar enfoscadas. Hay que hacer notar la presencia de pequeños aliviaderos, en previsión de crecidas del río.

Arriba ejemplo del paramento exterior descrito y al lado y debajo ejemplos de los tipos de bóvedas mencionados.

Es posible que los Molinos II, III y IV de Mérida, estuviesen dotados de pequeños embarcaderos, corroborando la utilización del río como medio de comunicación.

Reutilización:

Es una constante la reutilización de material constructivo anterior. Teniendo en cuenta que nos situamos en la zona de influencia de lo que fue Augusta Emerita no es extraña la reutilización de sillares romanos en los molinos, pero no solo observamos estas piezas, también se dan estelas funerarias, cornisas y molduras (ver fotografías Molino II Mérida). La presencia de estos elementos nos puede ayudar a establecer la fecha de construcción de cada uno de ellos. También reutilizan las piedras desgastadas a modo de pavimento en al menos dos ejemplos.

Cronología:

Es difícil establecer la cronología de unos edificios de los que apenas tenemos bibliografía y cuya Historia no está escrita. Unos edificios de los que carecemos cualquier tipo de información arqueológica. Sí podemos intentar acercarnos de la manera mas honesta posible a su fecha de construcción o al menos a su uso. Para llevar a cabo este ejercicio, debemos tener en cuenta algunas premisas que nos pueden ayudar. Comenzaremos por las más evidentes: en la fachada del Molino de la Aceña contamos con una fecha garabateada sobre el mortero, 1873; en el interior del Molino II de la estación de FF.CC de Aljucén, sobre la ventana vigía encontramos dibujado un calvario con una fecha en números romanos, 1882.

Detalle de las dos fechas referidas.

Tradicionalmente se considera la época dorada de la molinería en la Península los siglos XVI y XVII, siendo a partir del siglo XVIII, con la subida del precio del trigo, cuando la actividad comienza a decaer. Pero para tratar de acercarnos aún más a la cronología de nuestros ejemplos debemos entender el contexto histórico en el que se encuadran. Así conocemos que toda la segunda mitad del siglo XVIII fue un escenario bélico en la guerra hispano portuguesa. Apuntamos este hecho por qué es sabido que una de las necesidades que genera una guerra es la de mantener los grandes contingentes humanos que son los ejércitos. Podemos suponer que parte de esa responsabilidad caería en las ciudades de la retaguardia. Conociendo que la dieta se reducía en muchas ocasiones a grano y agua, las necesidades de producir harina se verían multiplicadas por mucho de lo que eran las necesidades de una villa como Mérida en el siglo XVIII. ¿Es, por tanto, el momento en el que establecer la fundación de los molinos? No lo sabemos con seguridad, pero tampoco es descartable. Lo cierto es que es seguro que en el siglo XVIII los molinos proliferaban por las orillas del Guadiana y sus afluentes.

Ya al comienzo del siglo XIX, tenemos la Guerra de la Independencia, cuyo desarrollo se dejó sentir en la ciudad de dos maneras fundamentales: la voladura de los arcos centrales del puente romano por Wellington y el saqueo de las antigüedades de la ciudad por las tropas napoleónicas. Tras la restauración abslotutista de Fernando VII llegó el reinado de Isabel II, con la regencia de su madre y en al que se intenta poner las bases de un estado liberal. Es en este contexto en el que Pacual Madoz recopila la información de sus corresponsales y redacta su obra en la que reseña ya la existencia de al menos 16 molinos en el término de Mérida. Esta cifra corrobora la existencia de los molinos que ya preveiamos al menos desde la segunda mitad del siglo XVIII, además de mostrarnos lo fundamental que eran para el sustento de la población.

Finalmente, otro dato reseñable es la llegada del ferrocarril a la ciudad, lo que ocurre en julio de 1864. Mérida se convierte en estación de la linea que une Madrid y Badajoz. El trazado de esa vía transita justo sobre la calzada romana que viajaba hacia Olissipo. Si tenemos en cuenta que junto a esa calzada hay al menos tres monumentos funerarios romanos, tenemos una fecha máxima para que esos monumentos conservasen su integridad. Por otro lado, dada su situación, en correspondencia con el Molino de la Alcantarilla y los Molinos II, III y IV, es objetivo pensar que su desmonte estuvo relacionado con la construcción de estos molinos, como corrobora la gran cantidad de material romanos en cada uno de ellos. Pero, este detalle tampoco aclara si el desmonte de los monumentos funerarios se realizó con la construcción de la vía o si ya estaban desmontados cuando se construyó la vía férrea.

Con estas tres ideas esbozadas acerca de la cronología de estos edificios, tan sólo pretendemos intentar acercarnos a la fecha de construcción de los molinos y ampliar el conocimiento que de ellos poseemos, para así poder valorar en su justa medida unas estructuras interesantísimas y vitales para la población emeritense en particular y extremeña en general.

Gracias por vuestra atención y un saludo. Nos vemos caminando!!!

Pedro A. Delgado Molina.

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