Senderismo arqueológico, Ruta II: Iter San Lázaro aqua.

El senderismo arqueológico nos permite llegar a sitios que pueden estar olvidados por la mayoría de nuestros congéneres. A pesar de ser lugares especiales, bien por su uso o por su Historia, caen en el olvido colectivo y poco a poco son enterrados bajo toneladas de recuerdos. Asi es como podríamos definir el proceso seguido por el trazado de las diferentes conducciones que abastecieron a la Mérida romana y que siguieron funcionando mas allá de ese periodo. En el siglo XIX el recuerdo perduraba aún, como luego veremos.

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Vista de los tres sistemas conocidos de abastecimiento de agua potable Augusta Emerita (fuente: Mercedes Gómez Segura, Pedro Dámaso Sanchez, Nuria Sánchez Capote e Isaac Sastre. Actas del Congreso Internacional Aquam Perducendam Curavit. Captación y uso administración del agua en las ciudades de la Bética y Occidente romano, pp 129-145. Cádiz 2010)

Los tres sistemas que surtieron a Mérida, tienen su origen en el norte de la ciudad, nutriéndose de la abundancia de agua que se detecta en esa zona de su campiña. Estos sistemas cuentan con diferentes ramales que pasan a engrosar finalmente el canal principal por el que entran en Mérida, en los caso de la de Proserpina, aupada por el acueducto de Los Milagros, y la de Rabo de Buey, por el de san Lázaro, hoy desaparecido casi por completo.

Comenzamos la ruta en los aledaños del circo, junto al acueducto de san Lázaro. Muy próximas al acueducto se encuentran unas termas romanas, conocidas en la actualidad como Termas de san Lázaro. La afición de los romanos por la limpieza corporal encuentra  su reflejo en este tipo arquitectónico, muy extendido por todo el solar del imperio. La aplicación de soluciones constructivas que permiten el tratamiento de la temperatura de las piscinas que lo componían, las diferentes salas y sus usos y los espacios destinados al ejercicio físico son distinguibles en el edificio que contemplamos al inicio de nuestro camino.

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Termas de san Lázaro.

Abandonamos la ciudad remontando el curso del río albarregas el cual abandonaremos para ir en busca del trazado del ramal de Casa Herrera. Esta conducción toma su nombre del paraje en el que se cree su origen, Casas de Herrera, situándose muy cercano a la localidad de Mirandilla y a la basílica paleocristiana de Casa Herrera, delante de la que transita. Podremos seguir su trazado durante casi un kilómetro, observando la manera de construir de los ingenieros romanos. Su trazado la pone en clara relación con la conducción de Rabo de Buey, en dónde se uniría con otro sistema que más tarde conoceremos.

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Ramal de Casa Herrera.

Una vez dejada atrás la conducción de Casa Herrera nos encontramos con los registros de la Captación de Valhondo que sigue el trazado del arroyo del que toma el nombre. La fecha de construcción de este ramal está en duda ya que los restos hoy visibles han sido reformados en época contemporánea, desvirtuando así la obra. Los arqueólogos que se han acercado a esta estructura aportan dos posibles cronologías: para los que la estudiaron en las décadas finales del siglo XX, el sistema es romano, mientras que los últimos trabajos la sitúan en época contemporánea.

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Registros de la captación de Valhondo.

Desde luego la topografía del arroyo, la geografía del emplazamiento y la «idea» parecen romanas, dándose parecidos mas que razonables con el del arroyo de las Arquitas. Hay que sumar que muy cerca del nacimiento del arroyo se encuentra un pozo, cuya fábrica, materiales y ubicación lo pondría en relación con la posible conducción de origen romano. Sin embrago el trazado y la cota a la que transitaría esta captación dificulta su inserción en el callejero emeritense, haciendo difícil su inclusión en las obras hidráulicas romanas de Augusta Emerita.

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Pozo situado en el arroyo de Valhondo

Dejamos atrás este entramado de conducciones romanas para encontrarnos con una antigua calzada romana, hoy fosilizada bajo el trazado de un cordel ganadero. La subida que nos ofrece nos permitirá disfrutar del senderismo arqueológico que proponemos, caminando junto a piedras milenarias y observando un paisaje que, en esencia, no difería mucho del que originaron las centuriaciones romanas. Este sistema perseguía dividir el terreno cultivable en lotes que luego eran repartidos entre los primeros colonos de Augusta Emerita. La existencia de calzadas empedradas equidistantes podría estar remitiéndonos a ese momento de la historia emeritense, calzandonos las caligas de los primeros legionarios asentados en los terrenos de la ciudad. Además de situarnos en un paraje evocador al máximo, la calzada, nos enseñará una magnífica visión de la Mérida contemporánea, apreciándose su especial orografía, y nos llevará a la cabecera de los dos arroyos, el de Valhondo y el de Las Arquitas, cuyo nombre entenderéis enseguida.

El arroyo de Las Arquitas nace a mas de 7 km de Mérida y va serpenteando hasta que hace su entrada en la ciudad por la zona NE. Es subsidiario del río Albarregas, aportándole un importante caudal. Presenta una marcada estacionalidad, propia de nuestro clima, lo que no impide que en época de lluvias alcance un caudal importante, horadando el terreno de manera radical. En su cauce hay puntos que alcanza los 2.5 m. de profundidad. En la actualidad, el régimen pluviométrico es muy diferente del imperante hace 2000 años, por lo que la falta de memoria de nuestras generaciones está consiguiendo que el cauce, tanto el de Las Arquitas como el de Valhondo, se vaya soterrando bajo tierras de cultivo. Al final, el agua sí recuerda su camino.

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Cabecera del arroyo Valhondo. Se observa como se va soterrando su cauce

Siguiendo el curso del arroyo, iremos observando estructuras rectangulares, fabricadas en granito. Constan de un pequeño pretil y una losa como tapadera. El pretil no es más que la prolongación de unos registros de forma cúbica, cuya dimensiones alcanzan los 5 m y que se presentan realizados en sillares de granito. Estos registros conectan con la conducción que circula bajo el lecho del arroyo y su función es la de facilitar la observación desde la superficie acerca de si la estructura cumple con su función, vigilando el flujo continuo de agua y hasta la calidad de la misma. Además cumplían otra función doble: liberar del exceso de presión que en ciertos momentos se pudiera acumular en el interior del canal y airear el interior, evitando la acumulación de gases nocivos. La existencia de estos registros, con forma de arquetas o arquitas, diseminados por el curso acabó dando nombre al arroyo, al ser muchos de ellos visibles y convertirse en una referencia. Es posible que estén relacionados con el método constructivo empleado. Así, se realizan bocaminas que a cierta distancia se van abriendo y excavando hasta alcanzar la cota necesaria para que el agua captada llegue por su peso hasta su destino, magia? no, ingeniería romana. Lo impactante de estas obras es como son capaces de captar el agua a kilómetros de distancia y conducirla hasta su destino con una pendiente calculada para que el agua, por su propio peso, llegue hasta el deposito terminal para su posterior distribución. Para ello evitan los ángulos muy pronunciados en el trazado del canal, dotándolo de un perfil sinuoso que facilita el transporte del liquido elemento.

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Esquema de la construcción de una conducción hidráulica romana (fuente: Begoña López-Boado: Trazado de un acueducto romano, en Aqua romana. Técnica humana y fuera divina, pp 56-68)

Esto nos lleva a otro problema, como captan el agua. En el sistema de Las Tomas encontramos dos tipos de captaciones: las que pinchan los veneros bajo la superficie y las que mediante filtración, se apropian de las aguas subálveas que circulan bajo el lecho del arroyo. Esto lo logran mediante la realización de bóvedas por aproximación de lajas, sin la utilización de argamasa. Así, el agua se filtra por la bóveda y rezuma por las paredes hasta el canal que las transporta aguas abajo. Este esquema es el que presenta en los 2.5 km iniciales. Luego, la bóveda toma consistencia e impide la filtración de aguas, es entonces cuando la estructura se convierte en conducción, enlazando con la de Rabo de Buey.

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Captación de agua.

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Conducción de agua

La increíble factura de la que fue dotada esta conducción, la perfección de su construcción, ha provocado que se mantenga casi intacta hasta nuestros días, transportando agua aún. Todos recordaremos la imagen de personas cogiendo agua que rezumaba de su interior. Esto es debido a que en el siglo XIX, un alcalde de la ciudad, Pedro Mª Plano, ante periodos de sequías prolongados, intentó abastecerse de nuevo de los ramales romano. Para ello proyectó obras de limpieza y ampliación de las galerías, amplió la captación río arriba, reformó bóvedas arruinadas y numeró los diferentes registros, como se aprecia en la fotografía. Toda esta información se la debemos a la labor de investigación de el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida y sus profesionales, lo que ha generado este caudal de datos que nos permiten reconstruir el proceso histórico de las conducciones.

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Registro de la conducción numerado en el siglo XIX

La conducción conecta con la de Rabo de Buey, en donde se unen los ramales de Casa Herrera y Las Tomas. En ese punto situaron una piscina limaria cuya función es decantar el agua de impurezas. A partir de este punto la conducción transita en  superficie hasta conectar con el acueducto romano sustituido por el que hoy conocemos como acueducto de san Lázaro, que toma su nombre de una ermita que estaba en las cercanías y que fue demolida en la primera mitad del siglo XX. Del acueducto romano nos quedan tres pilares, con dos fases constructivas, los tajamares de los pilares sobre los que se asentó el  acueducto moderno sobre el curso del Albarregas y algunas cimentaciones. El acueducto romano fue el más largo de los conocidos en Augusta Emerita y el que mas caudal aportaba a la ciudad. Ya en el siglo XVI la estructura está casi arruinada y se decide realizar un nuevo acueducto, el que hoy atraviesa el valle del Albarregas. Evidentemente las diferencias formales son muchas entre un acueducto y otro: la ligereza del romano frente a lo mamotétrico del moderno o la utilización de sillares y ladrillo en el romano y la mamposteria irregular trabada con argamasa tosca en el moderno. Pese a ello el moderno conserva parte de su encanto y nos desvela sus secretos en las cicatrices producidas por el paso del tiempo: son visibles los caños cerámicos por los que circulaba el agua.

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Arcos supervivientes del acueducto romano. Se observan dos fábricas: el almohadillado en parte baja de la estructura y la combinación de sillares y ladrillos en la parte superior, idéntica a la configuración del de Los Milagros. Esto ha permitido establecer la anterioridad de este acueducto respecto del de Los Milagros.

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Acueducto de san Lázaro, construido en el siglo XVI sobre los restos del romano.

Con la vuelta a los aledaños del circo terminamos nuestra ruta, cargada de historia, naturaleza y deporte. No asi la conducción que tiene su deposito terminal en los terrenos de la casa del anfiteatro.SENDERISMO ARQUEOLÓGICO en AUGUSTA EMERITA.

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